Nuestra primera parada, tras salir de París, en el inicio del itinerario del Loira fue el castillo de
Cheverny
La historia del castillo de Cheverny se remonta al siglo XVI, aunque la mayoría de la arquitectura actual es de la primera mitad del siglo XVII. Dos generaciones hicieron falta para acabar la obra y la decoración interior.
Con más de seis siglos de historia lleva en manos de la misma familia desde su construcción. La familia en cuestión es la Hurault, cuyos últimos descendientes –el marqués y la marquesa de Vibraye– siguen viviendo en el castillo, en el ala derecha.

La familia Hurault “perdió” la propiedad del castillo en dos ocasiones a lo largo de su historia. La primera fue a manos de Diana de Poitiers (amante del rey). Al morir el rey, su mujer Catalina de Medici, expulsó de la corte a Diana. La echó, pero le concedió el castillo de Chaumont-sur-Loire. Mientras lo acondicionaba a su gusto, Diana compró el castillo de Cheverny para tener “un techo bajo el que dormir”. Poco queda del castillo que habitó a mediados del siglo XVI.
Dentro del castillo encontramos una colección de armas y armaduras, tapices, baúles de viaje, un gran salón, una biblioteca y una capilla. Como en el resto de los castillos reales del valle del Loira, estos, disponían de una habitación reservada para el monarca en caso de que este quisiera usarla. La de Cheverny – usada por Enrique IV- es un lujo de decoración obra e Jean Monier. Cabe destacar en la estancia los magníficos tapices, artesonado así como el resto de decoración.
Al salir del castillo nos sorprenden sus generosos jardines, invernadero y huerto; allí encontramos diferentes frutales.
Otra de las curiosidades ante la que nos encontramos es, casi junto a la salida, la gigantesca perrera que alberga; nos comentan que pueden llegar a ser cien el número de perros. Perteneció al equipo de cazadores - fundado en 1850- por el marqués de Vibraye. Actualmente únicamente se practica la caza del ciervo.
La siguiente parada nos llevó a Amboise.
Amboise, joya arquitectónica del Renacimiento, refleja
su majestuosa silueta en el Loira, río declarado Patrimonio Mundial de la
Humanidad.En los albores del Renacimiento, la poderosa fortaleza medieval de Amboise da paso a una residencia real, durante los reinados de los reyes de Francia Carlos VIII y Francisco I. Aquí se alojarán, invitados por los soberanos, la corte y numerosos letrados y artistas europeos, entre ellos Leonardo da Vinci, cuyos restos descansan en la capilla del castillo.
Este lugar destacado de la Historia de Francia alberga una excepcional colección de mobiliario gótico y renacentista que demuestra el refinamiento artístico del primer Renacimiento francés. Tras la visita de los aposentos reales y de las imponentes torres de herradura, el paseo se prolonga en los magníficos jardines panorámicos que dominan el Loira.
Tours.
Tours
es una ciudad universitaria entre los ríos Cher y Loira en Francia. Alguna vez
fue un asentamiento galorromano y actualmente es una ciudad universitaria y una
vía tradicional de acceso para explorar los chateaux del valle del LoiraEntre los monumentos más importantes se destaca su catedral. Esta, catedral de Saint-Gatien, se considerada como una de las catedrales más bellas de la región Centro-Val de Loira. Presenta una magnífica fachada gótica y destacan su colección de deslumbrantes vidrieras y su grandiosa nave.
Y no se pierda el apacible Cloître de la Psalette, monumento histórico protegido. Con su bonito jardín y sus gárgolas, es el lugar ideal para un descanso atemporal en el corazón de la ciudad.Otros de los edificios que visitamos, aparte de las típicas casas de Tours y de la torre de Carlo Magno fue la basílica de san Martín de Tours. El pueblo le profesa gran fe a este santo y ha sido motivo de peregrinación.
Leyenda sobre san Martín. Cuenta la leyenda que un día, cuando era un joven
soldado destinado en la Galia (hoy Francia), Martín se topó con un mendigo
miserable y tembloroso que se aferraba a sus harapos en medio del frío. Se dio
cuenta de que nadie ayudaba al hombre, pero Martín no tenía nada consigo
excepto la ropa de soldado que vestía. Abrumado por la preocupación, Martín se
quitó su pesada capa de caballería de lana y la cortó en dos, luego le dio la
mitad al mendigo.
Más tarde, Martín tuvo una visión en la que Jesús
llevaba la capa que le había dado al mendigo. En su sueño, Jesús les dijo a los
ángeles que lo rodeaban que Martín se la había dado. Martín se bautizó de
inmediato y, poco después, se negó a luchar contra los invasores francos por
motivos de conciencia y terminó en prisión. Cuando los invasores decidieron
repentinamente entablar negociaciones de paz, Martín fue liberado y obtuvo la
baja del ejército.
El
castillo de Chenonceau.
También llamado “de las damas” p
orque a lo largo de la historia han sido en su mayoría mujeres las responsables de su estilo y decoración . Comenzando por Katherine Briçonnet, la esposa de Tomás Bohier –cobrador de Francisco I, el constructor del castillo de Chambord–, que se encargó de las obras iniciales del château a principios del siglo XVI.
El hijo de Tomás Bohier tuvo que
cederlo a Francisco I como compensación: su padre había sido acusado de
malversación. Chenonceau pasó entonces a manos de la corona francesa y las
mujeres siguieron embelleciéndolo. Enrique
II, hijo de Francisco I, se lo regaló a su favorita –en aquella época
las amantes reales no se escondían–, Diana de Poitiers.
Cuando Diana de Poitiers tomó
posesión del castillo, en 1547, buscó mostrar su poder como favorita del rey y
rentabilizarlo. Lo amplió para tener sala de recepción y diseñó sus jardines, entre los más espectaculares de la época. Respecto
a rentabilizarlo, pensó en levantar granjas, plantaciones de árboles frutales y viñedos.
Diana de Poitiers
decidió también construir un puente sobre el río para poder ir a
cazar a la otra orilla. Sí, la imagen que se ha quedado grabada en tu mente es
debida a una casualidad: la favorita del rey no quería ir hasta el siguiente
puente sobre el río y decidió construir uno detrás de su castillo.
La muerte del rey, y
la recuperación del castillo por Catalina de Medici, la esposa de Enrique II, obligó a
interrumpir las obras.
Catalina
de Medici siempre
había querido para ella el castillo de Chenonceau así que una de las primeras
cosas que hizo a la muerte de su marido fue expulsar a su amante y recuperarlo.
Expulsó a Diana de Poitiers pero, a cambio, le dio el castillo de Chaumont-sur-Loire.
A Catalina le gustó
la idea del puente sobre el río, pero le dio un toque mucho más palaciego
construyendo sobre él una galería de dos plantas que servía como sala de baile, recepción y fiesta.
Desde Chenonceau controló el destino de Francia durante sus tres regencias.
Posteriormente el castillo, tras el fallecimiento de Enrique
III –uno de los hijos de Catalina de Medici– pasó Luisa de Lorena, última reina que
ocupó sus salas pasando los siete últimos años encerrada en el castillo.
Posteriormente, el
castillo de Chenonceau, recuperó su esplendor con Louise Dupin en
el siglo XVIII. Montesquieu, Voltaire o Rousseau eran habituales en
sus tertulias. Su amistad con estos personajes le ayudó a salvar el castillo de
la Revolución Francesa.
En la Primera Guerra Mundial, fue también hospital de campaña.
Jardines del villandry.
Nos encontramos en un lugar
impresionante; caracterizado por la armonía de su arquitectura y sus jardines; Villandry es el último de los grandes castillos
construidos a orillas del Loira durante el Renacimiento. Sus 7 hectáreas de
extraordinarios jardines, repartidos en cuatro niveles de terrazas, combinan
estética, diversidad y equilibrio. Hay un huerto decorativo, jardines
ornamentales, un jardín acuático, un jardín de plantas sencillas y un jardín
solar.
Joachim Carvallo y Ann Coleman, bisabuelos del
actual propietario, hicieron de Villandry la obra de su vida al recrear esta
finca de estilo renacentista en armonía con el castillo a principios del siglo
XX. Esta casa familiar, remodelada en el siglo XVIII y totalmente amueblada,
desprende un ambiente cálido y acogedor.
Angers.
Angers es una
ciudad del oeste de Francia, situada a medio camino entre Nantes y Tours. En el
corazón de Anjou, en el Valle del Loira, Angers cuenta con importantes
elementos que suscitan un gran interés; entre otros; castillo, catedral y casco antiguo hacen de esta ciudad
un lugar singular..
Destacan nada
más llegar las colosales murallas de la fortaleza medieval del rey René, duque
de Anjou de 1434 a 1480. Construida en el siglo XIII, la gigantesca fortaleza
real se extiende a lo largo de casi medio kilómetro, dando una formidable
impresión de poder. En el castillo se encuentra un famoso Tapiz del
Apocalipsis: con sus 100 metros de longitud, ilustra el texto del Apocalipsis
de San Juan, representando así de forma excepcional el contexto histórico,
social y político de su época.
Catedral. Rodeada
de un encantador casco histórico, la Catedral de San Mauricio de Angers es un
edificio del siglo XII. Situada en lo alto de la escalinata de Saint-Maurice,
esta iglesia te sorprenderá por sus modestas proporciones, en comparación con
las catedrales góticas de Île de France. Antes de entrar en el edificio,
observa las ocho estatuas de santos que adornan la fachada. Al entrar en la
catedral, podrás admirar el estilo gótico angevino con sus bóvedas abovedadas y
sus nervaduras. En el interior, admira las vidrieras medievales, que producen
un extraordinario juego de luces.
La Cité es el
barrio histórico de la ciudad, donde se encuentran el castillo y la catedral de
San Mauricio. Alrededor de esta zona se encuentra el centro de la ciudad
propiamente dicho, con el barrio comercial y numerosas instituciones como la
prefectura, el ayuntamiento y la biblioteca
Rennes.

La ciudad histórico-artística de Rennes, capital
de la región de Bretaña, invita a los visitantes a descubrir sus riquezas
arquitectónicas, que van desde el arte medieval al clásico, pasando por el
Renacimiento. Un paseo por Rennes ofrece una maravillosa sucesión de casas
medievales y renacentistas, y de majestuosos edificios de estilo clásico. El
centro histórico es un lugar apto para callejear y descubrir las calles
empedradas típicas, el ambiente de las plazas con terrazas de cafés, las
creperías y las tiendas. No lejos de las Puertas Mordelaises, vestigio del
siglo XV que servía de principal entrada a la ciudad y que vio pasar a los
duques de Bretaña, se encuentra la catedral de Saint-Pierre, un edificio del
siglo XIX ricamente decorado. La visita debe proseguir con la plaza de
Champ-Jacquet y las viejas casas de entramado de madera particularmente
pintorescas, la plaza del Ayuntamiento, la plaza del Parlamento de Bretaña, la
plaza de la República con el antiguo palacio de Comercio, la plaza de Les Lices
con el mercado cubierto... Se pueden visitar el palacio del Parlamento de
Bretaña, minuciosamente restaurado tras el incendio de 1994, y el Ayuntamiento.
Saint Malo.
Saint-Malo es una ciudad portuaria en Bretaña, en el noroeste
de Francia. Altas murallas de granito rodean el casco antiguo, que fue baluarte
de corsarios (piratas autorizados por el rey). En el centro del casco antiguo
está la catedral de Saint-Malo, de estilo románico y gótico, con vitrales que
representan la historia de la ciudad. Cerca se encuentra La Demeure de
Corsaire, un museo ubicado en la casa de un corsario del siglo XVIII
Mont Saint Michel.
El Monte Saint-Michel tiene la particularidad de ser un islote rocoso
rodeado de una maravillosa bahía, escenario de las mayores mareas de Europa. El
monte y su bahía, clasificados desde 1979 como Patrimonio Mundial de la
Humanidad de la UNESCO, no esconde un castillo sino una majestuosa abadía.
Región de Caen.
En esta playas se produjo el cruento Desembarco de Normandía, el famoso día D, que tuvo lugar el 6 de junio de 1944.
Una de las
ciudades más importantes de la zona es Caen, donde los enfrentamientos no
concluyeron hasta el 19 de julio. La ciudad alberga el que probablemente
sea el museo más interesante de
Normandía dedicado a la guerra: el Memorial Caen, donde
el foco no solo se pone en el Día D, sino que abarca muchos otros aspectos de
la Segunda Guerra Mundial. Además, están Omaha, Utah, Sword, Juno, Gold…son
algunas de las playas cuyo nombre ha quedado inmortalizado. El desembarco del 6 de junio de
1944 en estas costas de Normandía fue la operación anfibia y aerotransportada
más importante de todos los tiempos. Aún hoy son muchos
los visitantes que vienen a rendir su homenaje a los soldados que liberaron
Francia y a conocer los lugares auténticos.
Rouen.
Capital histórica de Normandía, llamada la
ciudad de los cien campanarios, Rouen es una ciudad
apasionante. Con un patrimonio arquitectónico y religioso excepcional, no es
sorprendente que haya sido catalogada Ciudad histórico-artística. Da gusto
pasear por los pintorescos barrios antiguos, cuyas callejuelas empedradas están
rodeadas de antiguas casas con entramado de madera. Sus pasos le conducirán a
notables monumentos como la catedral de Nuestra Señora, una obra maestra del
arte gótico que comenzó a construirse en el siglo XII. Erigida sobre los
cimientos de un edificio del siglo IV, aún conserva su palacio episcopal y
alberga las tumbas de los duques de Normandía. ¡Con 151 metros de altura, su
aguja es la más alta de Francia!
La iglesia de San Maclovio, perfecto ejemplo del arte gótico
flamígero, posee una portada con cinco pórticos con puertas de madera tallada,
y es otro de los monumento ineludibles de Ruan. Igual que la abadía de San Audonio, uno de los monasterios
benedictinos más poderosos de Normandía, construido entre los siglos XIV y XVI.
En el interior, observe las 80 vidrieras que decoran la abadía en sus tres
niveles. Sepa que aquí, en el antiguo dormitorio de los monjes, se encuentra el
actual ayuntamiento.
Otro tesoro histórico
destacable es el Gran Reloj, formado por un campanario civil gótico, una esfera
renacentista y una fuente Luis XV. En este campanario se encuentran las
campanas y el reloj de la ciudad, cuyo mecanismo, que funcionó hasta 1928, fue
uno de los más antiguos de Europa.
No podemos hablar de Ruan sin mencionar a Juana de Arco. Varios
edificios permiten rastrear su historia, desde la torre Juana de Arco, antigua
fortaleza del castillo donde tuvo lugar su proceso, hasta la plaza del Mercado
Antiguo, donde fue quemada viva en 1431. Una enorme cruz indica el emplazamiento
de la hoguera. En el centro de esta plaza, la iglesia de Santa Juana de Arco
alberga notables vidrieras del siglo XVI provenientes de la antigua iglesia de
San Vicente.
Si hay una francesa conocida en todo el mundo, esa es Juana
de Arco (c. 1412-1431), la heroína de la lucha contra los ingleses.
Una simple niña asegura tener visiones: el arcángel Miguel,
santa Margarita y santa Catalina de Alejandría le encomiendan, en plena guerra
de los Cien Años, salvar a Francia. En esos momentos, los ingleses controlaban
la mitad de su territorio y la situación interna no podía ser más calamitosa:
derrotas militares, disensiones...
Tal vez la corte tomó en serio a Juana de Arco precisamente
porque se vivían momentos de desesperación y se necesitaba alguna esperanza,
por mínima que fuera. El hecho es que su presencia iba a representar un punto
de inflexión en el conflicto. El rey, Carlos VII, la envía a Orleans, cercada
por el enemigo, junto con el ejército de socorro. Pocos días después, los
ingleses se ven obligados a retirarse. ¿Hay que atribuir a la “doncella” el
éxito? Los historiadores no han conseguido ponerse de acuerdo.
De la mano de aquella joven enigmática, las victorias francesas
se suceden. Hasta que los ingleses logran su captura. Será sometida a juicio
bajo cargos como el de herejía y condenada a la hoguera. Pero, pocas décadas
más tarde, la propia Iglesia católica revisa el proceso y la declara inocente.
En adelante, gente de las más diversas ideologías, a partir de los mismos
acontecimientos, interpretaría su figura en términos opuestos. Siempre habrá
una Juana de Arco apropiada para cualquier agenda política.